sábado, diciembre 16, 2006

La bella: la bestia


DEJARÍA A REENé POR PALOMA, era un hecho. Tantas penurias había pasado por ella, que era justo lo que estaba a punto de hacer. No era una falta, era una deuda con el destino. Al caminar por ese pasillo oscuro, ya todo estaba decidido.

Cuando Joaquín ingresó al instituto de periodismo tenía la ilusión de ser el primero de la clase. Lástima que conociera a Paloma. Esa mirada seria y sensual a la misma vez, su contorneo al caminar, su tez clara, etérea, y finalmente, esos infernales globos eran la contraparte perfecta para una chica tan callada y solitaria. Ella no hablaba con nadie, solamente con los profesores. Era sumamente delicada en su personalidad, tanto así que Joaquín no podía hacer más que observarla cuando ella pasaba. Joaquín estaba tan enamorado que sólo atinaba escribir poemitas becquerianos, los cuales se los hacía llegar por medio de cartas anónimas. Inclusive, en su cumpleaños, había averiguado su domicilio y le hizo llegar un adorno floral bajo el seudónimo de “El último romántico”. Ya todo estaba dicho, sólo faltaba una palabra: Hola. Pero Joaquín nunca la utilizó. Jamás tuvo los escrúpulos necesarios para afrontar su destino creado por si mismo. Lo máximo a que llegó, impulsivamente decidido, fue a intentar lanzarle una profunda mirada que diga todo lo que él no podía decir. Logró, por un instante, ver el abismo del cielo en los ojos de Paloma. Una infantil sonrisa fue creciendo desde su interior; pero no, qué podía hacer. No era más que un hombre.

De este modo pasaron seis imperantes meses y Reené, la mejor amiga de Joaquín, sí utilizaría el tiempo perdido. Al ver Reené que Joaquín vivía ese calvario de impotencia autónoma, poco a poco empezó a hacer notar su estima por él. Era el paño de lágrimas, pero también, el fruto dulce del olvido. Reené fue ganando no sólo la amistad de Joaquín, sino su mismo amor desilusionado. Una historia tan repetida y conocida, que Joaquín, “El último romántico”, no conocía. La amiga confidente que terminó siendo su estridente.

Pero la ilusión llamada Paloma seguía rondando por los rincones más alcoholizados de la mente de Joaquín. No era simplemente aceptar a la amiga, sino, en el fondo, era resignarse a tal. Reené lo adoraba, pero nunca ello es suficiente. Ella le había entregado todo de su persona y Joaquín pensaba: Bueno, no está tan mal. En fin, que más puedo perder. Resignado Joaquín. Acompañado, pero resignado. Querido, pero finalmente, resignado.

Fue en ese estado depresivo que decidió no entrar a clases y quedarse dubitativo en la escalera del instituto. Qué hacer, la quiero; pero... Es linda, sí, pero... no quisiera perder su amistad sinceramente. Joaquín se olvidaba que la vida da vueltas, tantas que a veces marea. Joaquín por fin lograba tener una pareja que lo quisiera y respete; pero no una amante. Ahora tenía todo lo que alguien podía desear lucidamente, sin embargo no obtenía lo que el tanto anhelaba: la idealización de un rostro.

Sin embargo, aun cuando las coincidencias son extrañas, éstas siguen siendo difíciles de diferenciar con el destino. Hola, ¿tú eres Joaquín, verdad? Joaquín quedó inmutado, perplejo, congelado por el asombro. Eres tú, ¿no? Al fin logró reaccionar para siquiera tartamudear una monosílaba: Ssí. En su cabeza no cabía esa imagen tan diafana como la realidad. Paloma. Un retorcijón lo aplacaba e impedía su naturaleza viril. Paloma hablándole. Tantas veces había deseado ese momento, que él, en ese instante, era incapaz de fingir su ensueño. Paloma lo conocía. Y es que las mujeres lo saben absolutamente todo en el fondo.

¿Por qué tan solo? Es que... no tenía nada que hacer. Un grito de auxilio bajo la blancura de una mentira. ¿Me puedo sentar a tu lado, no? Eh... sí, claro. Tal vez los ensueños florecen en la realidad, son muchas las conexiones. Así hablaron durante la hora y diez, el tiempo restante de las horas de clase. Joaquín se fue desinhibiendo, pero aún así no lograba lanzar ni una flecha en la mirada de ella. Pese a todo, Paloma no dejaba su aire delicado y sublime. No era solamente tierna en su andar, sino también, cuando vocalizaba cada palabra que salía de su boca. Labios despiadados, celestialmente asesinos. Antes de despedirse se escuchó: Por casualidad, ¿tienes enamorada? Joaquín se limitó a mirar a la izquierda y en un solo movimiento torció la boca. Después, con un beso torpe en la mejilla, Joaquín dio paso a la nostalgia del primer adiós.

Al siguiente día, Joaquín, volvió a quedar sentado en la escalera a la misma hora, diciéndole a Reené que se sentía un poco mal del estomago. Es cierto, esas mariposas son muy problemáticas, más aún cuando uno siente el pecho blanco. Al llegar Paloma, volvió a repetirse la escena. ¿Por qué tenía que ser tan dulce? Hasta parecía una ofensa tratar de tomarle la mano. Tan pulcra era, que ni siquiera merecía ser hija de la Virgen María, pensaba Joaquín. Pero a diferencia del día anterior, decidieron continuar la plática en una heladería a unas cuantas cuadras del instituto. A petición de ella, pidieron solamente dos barquillos. “Es perfecta, hasta no me hace gastar mucho.” Paloma gustaba mucho de su helado de fresa, cuando de casualidad chorreó un poco su barquillo por la comisura de la boca. El afortunado Joaquín dejó de ser él, y con delicadeza limpió la mejilla de Paloma teniendo cuidado de no resquebrajar su finura. Fue ahí, sí, cuando los dos pares de ojos acertaron a mirarse al unísono. Fusión de pupilas nigérrimas. Y así se fue incrementando el reflejo de ambos en los ojos del otro. Calló la noche. Fue el carnaval del soñador.

Ya cuando salieron al día púrpura Joaquín acordó con Paloma en volver al instituto pues tenía que recoger sus pertenencias. Él estaba tan feliz de caminar tomado de la mano con su ensueño que olvidó a Reené. La amiga, la confidente, no tenía la culpa del destino. Y al llegar, tratando que no se percate Paloma, Joaquín esquivó los lugares transitados por su verdadera pareja. ¿Cómo le diré ahora? Llegó al 7mo piso y notó que ya no se encontraba nadie en su salón. Todo estaba sombrío y con pocas personas alrededor.

Y sí pues, ahora, al caminar por ese pasillo oscuro, había decidido dejar a Reené. Entró al salón y fue Paloma quien cerró la puerta con seguro. Esto ya no merecía ser llamado ni ensueño ni realidad, ni siquiera el destino. Era algo más. Pero como todo hombre, la conciencia lo trajo de vuelta a sus pies. él intentó zafarse de sus propias manos. La mente muchas veces estorba el desarrollo del hombre. Sin embrago sus labios cada vez más se apegaban a los de ella. Sus lenguas parecían manos entrelazadas temerosas de separarse. Así, él se apegaba más a ella por el deseo instintivo de hacerla una parte más de su cuerpo. ¿Querría regresar al vientre materno? No, pésima imagen. Simplemente quería ser varón. Hacerle notar su virilidad desde el ardor de sus labios, el aprisionamiento de sus brazos, y también, su apuntante entrepierna. Quería atraparla, retenerla y suminizarla para él solo. Hacerla el lado incoherente de su personalidad, en otras palabras... quería hacerla su mujer.

Sus cuerpos sumergidos en el olvido de lo mundano agredían la paz de ese cuarto. No eran las sombras, no era el silencio; era la angustia, la ansiedad de lo prohibido. El roce ardiente de las masas que perturbaba el ambiente como el sol a una carretera en el desierto. Y conforme iban dejando las vestimentas en el suelo, éstas parecían aún respirar. Ropa sucia, adolorida, casi sin entrañas. Los cabellos de ella imitaban el vaivén del mar donde cada onda atentaba contra la gravedad. Los aromas se volvían más intensos a medida que el frote atrevido se convertía en la magia de los cuerpos. Ella arqueaba su lomo al ras de toda la mesa, mientras tomaba a su hombre por la nuca, acercándolo a sus dos frutos maduros. Él absorbía y mordía con pasión sus montes, mientras tomaba el muslo de la ninfa y lo flexionaba. Él empezó a descender por el camino de Dionisos hasta llegar al centro del mundo. Ella, echada, yacía impotente sobre la mesa cuando él empezaba a besar tímidamente su ser depilado. Como un afeminado reprimido besaba tiernamente los pliegues de sus piernas. Esos ángulos sensibles y desesperantes. Ella creía ser una rosa a la cual desnudan pétalo a pétalo hasta llegar a su alma. Y como una caricia, él seguía descendiendo con su inquieta lengua. Los ojos de la mujer brillaban al ver la luz del limbo. Esos movimientos cíclicos inundaban el rostro perpetuo de su amante. Como un río que se sale de se cauce, ella ya no aguantaba. La espera se tornaba larga y desesperante, era como esperar la muerte al fin. Penétrame, por favor, penétrame. Él, terco, empezaba a jugar con sus dedos dentro de ese mar de fragancias. Ya no aguanto, penétrame penétrame. El mordía su cáliz a medida que la bella mortal sentía desfallecer. Y sin decir nada se detuvo un segundo. Se paró, la miró con ojos fulminantes y la jaló. La volteó bruscamente y la apegó hasta hacerla sentir la erección que él sostenía. ¿Qué vas a hacerme? él la empujó de su nuca y la colocó bocabajo en ese frío llano. Hazlo ya, házmelo. Él jugaba con ella al tocar las puertas del cielo y no introducirse en sus profundidades. Ya no aguanto, clávame, clávame por favor. Hasta que por fin la volvió a tomar de la cabellera y la envistió con furia tocando el límite. Así, así. La bestia había despertado. La vehemencia se apoderó de su cuerpo. Como una fiera, como un animal rabioso sin raciocinio. Más duro, así, dame más duro. El ritmo se aceleraba y el jadeo era universal. Ella sólo transpiraba y abría las ramas de su alma cada vez más. Él tomaba su busto y lo apretujaba como a fruto prohibido. Sí, sigue, sigue. Y fue entonces cuando ella empezó a convulsionar y a romper el sonido con sus monosílabos entrecortados. Sí, me vengo, me veg... Así, él también sintió la música de sus latidos. Ambos miraban más allá del cielo, a orillas del río, estallando en la voz de la humanidad. La flama de la fusión se compactó. La maquina milenaria se había despojado de la piel, para así, poder olvidar la existencia y ser uno con la nada.

Terminada la faena, resumida la vida, volvieron a ser humanos. Joaquín se vistió con nerviosismo, apresurado como un ladrón, como reo ante la fuga. En cambio Paloma, lo hacía con toda la naturalidad femenina. Y cuando ya estaban saliendo, antes de abrir la puerta del mundo, Joaquín la tomó de las manos, y como quien pide perdón, se lanzó a darle un inocente beso. Un momento, cabrón -a la vez que se lanzaba a apretar vorazmente su entrepierna-. Tú no me vuelves a mirar jamás, y anda escribiéndole tus poemitas de perdón a tu enamorada. ¡Qué crees, que no sabía! Pobre cojudo. Se va enterar la perra esa, y se va enterar de la peor forma. No eres más que un pobre huevón para mí. Paloma apretó con mayor vehemencia y, por fin, se desquitó del miembro de la presa; abrió la puerta y con absoluta grandiosidad, caminó por el pasillo moviendo las caderas sin volver el rostro atrás. Mientras tanto, el último romántico yacía tendido en el piso, gimiendo en una posición fetal, tomándose de su antiguo guerrero. Ya no importaba nada ni nadie y es que el destino suele doler, ya que la verdadera bestia, al final del camino, siempre despierta.


Figura - Luis Royo

5 comentarios:

Luispicnic dijo...

hola chochera. bueno, lei tu cuento. me gusto. no se en realidad de estilos ni grandes cosas de prosas ni de asuntos que tengan que ver con reglas literarias, pero si te puedo decir que tu historia es buena, auqne seria mejor leerla en la tranquilidad de la cama y no en el monitor con chibolos gritando pavadas, escuchando regaton y jugando sus juegos en red. ademas saber crear espectativas. eso es bueno. que mas puedo decir... no se pues, yo te mando algo mio, pero tomalo de quien viene, de un pata que en realidad escribe por placer y no para complacer.
ahi nos vemos.
ah, y sobre la navidad, igual feliz naviDAR,
(es una vaina que empapa a todo el mundo, a todos llueve esa vaina y no nos queda mas que celebrar.)

Luis Angel Pardo dijo...

Querídismo broder Luisinsitu... XP me agrado tu comentario, en serio; al igual que el cuento que me hiciste llegar, muchas gracias. Espero haber levantado eso que tienes enre las piernas; pero con lo ultimo que dices... mi placer es desfogarme, botar esta huevada que llevo dentro, si pateo craneos, que bueno; si no, tambien. XD

Luispicnic dijo...

ah si, eso si. levantaste mi virilidad y muchas gracias por eso. siempre es bueno, asi no se oxida.
felices fiestas y portate mal, mejor si es con tragos y ganya para la fiesta del 31. saludos a la mancha de letras. y si pues, eso es cierto, uno escribe para defogar, para saldar viejas o nuevas cuentas.
bye chico.

Álvaro Felipe dijo...

Leí tu cuento. Vas bien, solo algunos vacíos por ahí pero fácilmente salvables. Tienes buen discurso (mejorable, espero), aunque la historia me dejó mucho que desear. Pero vas bien.

Puedes leer lo mío si tienes tiempo:
www.alvarofelipe.net

En mi perfil estan mis textos, puedes mandar tus comentarios.

Saludos, nuevo Sanmarquino, vagabundo y que jala cursos (me recuerdas a mí XD)

Anónimo dijo...

Estas al limite del uso inteligente y el abuso diligente de las figuras. El simil y el epiteto realzan el discurso y dan literariedad (si es que existe eso). Manejalos bien, cosa que has empezado a hacer. Esta bien, aunque me uno a Felipe: la historia podría dar más. Nos vemos. Guillermo Gutierrez